“Una sociedad que define el éxito por cuánto puedes consumir, en lugar de por cuán conectado estás con tu propia humanidad, es una sociedad que fabrica sus propias crisis de salud mental”. (Gabor Maté).
Hoy nos unimos para visibilizar, defender y exigir el bienestar emocional y psicológico de las personas mayores LGTBIQ+, una generación pionera que abrió camino de los derechos y libertades en nuestro país.
Hoy, Día Mundial de la Salud Mental quiero hablar de una realidad que durante demasiado tiempo ha permanecido en silencio, la salud mental de las personas mayores LGTBIQ+, y quiero hacerlo desde la responsabilidad, pero también desde la indignación. Porque las personas mayores LGTBIQ+ no llegaron aquí por casualidad; llegaron después de décadas de lucha, de miedo, de silencios impuestos, de familias que les rechazaron, de amores escondidos, de trabajos donde tuvieron que esconderse, de insultos, de violencia y de una sociedad que durante demasiado tiempo les dijo que ser quienes eran “estaba mal”. Por eso, cuando hablamos hoy de depresión, ansiedad, soledad o aislamiento de las personas mayores LGTBIQ+, tenemos que preguntarnos también qué sociedad hemos construido para que tantas de ellas llegaran a la vejez cargando todavía con las heridas de toda una vida.
La evidencia científica empieza a poner cifras a esa realidad. Un estudio reciente realizado en Madrid con personas LGTBIQ+ de entre 50 y 78 años ha identificado niveles elevados de depresión, estrés y soledad y ha encontrado una relación entre el malestar psicológico, el estigma, la discriminación y la falta de bienestar.
No hablamos, por tanto, de una supuesta fragilidad inherente a ser LGTBIQ+, hablamos de las consecuencias de haber vivido bajo el peso de la discriminación. Y esto es fundamental ya que ser lesbiana, gai, bisexual, trans o intersexual no enferma. Lo que verdaderamente enferma es el rechazo, destruye la violencia, desgasta el esconderse, y duele sentirse solo después de haber luchado toda una vida por poder existir.
La propia realidad actual nos demuestra que el problema no pertenece únicamente al pasado. En España, el informe Estado del Odio 2025 de la FELGTB registró que cerca del 26% de las personas de nuestra comunidad habían sufrido discriminación durante el último año y que el 16,25% había sufrido una agresión física o verbal. Por tanto, no creemos que a estas alturas sea necesario explicar la relación entre violencia y sufrimiento emocional, y aquel o aquella que tenga dudas que se lo pregunten a sus madres, abuelas, hermanas o amigas o a cualesquiera otras mujeres de sus vidas. Casi el 70% de las personas LGTBIQ+ que habían sufrido una agresión física o verbal declaró experimentar un malestar emocional, y el 26´9% sentirlo todo el tiempo o casi todo el tiempo.
Por eso, no podemos hablar de Salud Mental sin hablar de LGTBIFobia, así como no podemos hablar de envejecimiento sin hablar de soledad, no podemos hablar de cuidados sin hablar de familias elegidas.
Las personas mayores LGTBIQ+ no son una generación invisible, hay personas que aún tienen miedo a decir quién es su pareja, que llegan a una residencia y vuelven al armario; hombres que nunca pudieron hablar de sus compañeros, mujeres que perdieron sus redes familiares por amar a otras mujeres, y personas trans mayores que han tenido que luchar durante todas sus vidas para que su identidad fuera reconocida. Y hay demasiadas personas que han aprendido a sobrevivir sin pedir ayuda.
La Fundación 26 de Diciembre no queremos limitarnos a atender las consecuencias, queremos actuar sobre las causas. Queremos servicios de Salud Mental inclusivos, profesionales formados en diversidad y envejecimiento, queremos residencias mejores, políticas públicas específicas, queremos investigación, queremos datos y queremos que las administraciones comprendan que la salud mental de los mayores LGTBIQ+ no puede seguir siendo una nota al pie de la política de envejecimiento o solamente un interés cuando cada año llega el Orgullo. Somos mayores y LGTBIQ+ todo el año.
Necesitamos recursos específicos y estables, y no el vaivén de las subvenciones, necesitamos programas de prevención de la soledad, acompañamiento psicológico especializado, combatir el edadismo y la LGTBIFobia simultáneamente, e incluso necesitamos que nuestra propia comunidad no nos excluya, tal y como están ajustados a un modelo que ha comprado la eterna juventud, que nos ha oprimido y nos oprime todavía en la actualidad. Podemos no ser jóvenas, ni guapes, ni esbeltes, ni tener pelo, pero tenemos historia y vida. Y necesitamos escuchar a quienes llevan décadas diciéndonos que aún tienen miedo.
Como Fundación asumimos una responsabilidad, nuestros mayores no nos piden caridad, exigen derechos. No necesitan que nadie les tenga lástima, necesitan que la sociedad reconozca todo aquello que se les negó. Esto también va dirigido a vosotres, aquelles que os negáis a entrar en un local de ambiente porque “paran viejes”. Pues os digo que dejéis de ir a casa de vuestras abuelas, a casa de vuestros padres y/o madres para que os den de comer rico.
Porque elles estuvieron cuando no era fácil estar, amaron cuando amar podía tener consecuencias, lucharon cuando salir del armario era un acto revolucionario, cuando podía significar perderlo todo. Construyeron comunidad cuando apenas existían espacios seguros, y gracias a elles, hoy podemos hablar de derechos que antes parecían imposibles.
Por eso, cuidar ahora de su Salud Mental no es un acto de benevolencia, es de justicia, memoria y reparación.
Y desde esta Presidencia quiero lanzar un compromiso, no vamos a permitir que las personas mayores LGTBIQ+ vuelvan a ser invisibles. No queremos que nadie confunda silencio con bienestar, porque detrás de algún silencio hay miedo. Detrás de alguna soledad hay rechazo, y detrás de algunas depresiones hay décadas enteras de discriminación. Porque después de toda una vida resistiendo, lo mínimo que les debemos es que puedan envejecer en paz. Y esta Fundación estará ahí, no para hablar por ellos, sino para caminar a su lado, defender sus derechos y levantar la voz cuando otros pretendan volver a silenciarlos.
“Hablar de la vejez LGTBI es reconocer que las biografías disidentes no terminan en la juventud. Las personas mayores trans y homosexuales sostienen una memoria histórica imprescindible para entender las libertades que hoy disfrutamos”. (Lucas Platero).
Juanjo Argüello
Presidente de la Fundación 26 de Diciembre