Queridos libros:
No sé en que momento dejaron de ser objetos y comenzaron a ser refugio. Tal vez fue la primera vez que abrí uno buscando respuestas y encontré en cambio preguntas mas hermosas. O quizás fue cuando descubrí que entre las páginas cabían vidas enteras, silencios compartidos y emociones que no sabía nombrar.
Ustedes han sido casa sin paredes y viaje sin equipaje; han sabido esperarme en los días lentos y sostenerme en los días difíciles. En sus líneas encontré voces que me entendían sin conocerme, mundos que me abrazaban sin exigencias y verdades que solo podían decirse en susurros de tinta.
Leerlos ha sido aprender a mirar de otra forma a los demás, al tiempo, a mí mismo. Me enseñaron que cada historia es un espejo y una ventana al mismo tiempo. Que hay belleza en lo invisible, sentido en lo aparentemente cotidiano.
A veces pienso que no soy yo quien los elige, sino ustedes quienes llegan cuando más les necesito. Se acomodan a mis manos con una paciencia infinita, como si supieran que cada palabra encontrará su momento exacto para
quedarse.
Gracias por el silencio lleno por las noches que se volvieron cortos y por las madrugadas que nacieron entre páginas. Gracias por no exigir prisa, por permitirme volver, releer, redescubrir; por recordarme que siempre hay otra historia esperando, otro comienzo posible.
Con afecto profundo, un lector que nunca termina de irse.
Juanjo Argüello.
Presidente Fundación 26 de Diciembre.