Fito Ferreiro lleva décadas volcado en el activismo LGTBI+. Hoy trabaja para que las personas mayores del colectivo dejen de ser invisibles.
Fito Ferreiro tiene 63 años y una vida difícil de resumir en unas pocas líneas. Reportero gráfico en Televisión de Galicia, ha cubierto conflictos en Afganistán, Bosnia y Timor Oriental. Es sindicalista desde 1986, del Depor y amante del rock.
Hoy nos sentamos con él para conocer más sobre su activismo LGTBI+ y su labor dentro de la Fundación 26 de Diciembre en Galicia, donde lleva cuatro años colaborando con la delegación en A Coruña.
El activismo LGTBI+ llegó a su vida a finales de los noventa, cuando algo cambió en su manera de verse a sí mismo y a la sociedad.
"Por el año 98 empecé a preguntarme por qué me trataban como ciudadano de segunda. Si pago mis impuestos, trabajo… ¿por qué se me trata así? ¿Por qué tengo que vivir a escondidas, llevar una doble vida? Fue entonces cuando un amigo me habló del colectivo de Coruña Milhomes y a partir de ese momento, comencé en el mundo del activismo. Primero para luchar por nuestros derechos y una vez conseguidos, seguí porque yo lo pasé muy mal. Hasta los 30 años viví en el armario con muchos miedos. No quería que la gente que viniera después se sintiera así."
Su llegada a la Fundación 26 de Diciembre tiene una fecha y un lugar concretos. Fito la recuerda con mucho cariño.
"Recuerdo que se le iba a dar un premio a Pedro Zerolo en Madrid, en el Círculo de Bellas Artes. Me acuerdo que era un 14 de abril y que él ya estaba malito. Allí estaba Federico Armenteros y gente del Grupo LGTB+ del PSOE, al que yo pertenecía. Me dijeron: 'vamos a comer con Federico, que tienen una paella republicana.' Fui y estaban construyendo el primer local social, el primer centro de día que tuvo la Fundación. Comimos y luego estuvimos toda la tarde sacando escombros."
De aquel día nació una amistad con Federico Armenteros, presidente honorífico de la Fundación 26 de Diciembre, quien hace cuatro años le llamó para continuar trabajando en la Fundación.
"Me llama Federico porque quería poner en marcha la Fundación en Galicia, que si podía echarles una mano. Y le dije que sí."
Pero Fito no lo tenía del todo claro. "Creía que mi sitio no era la Fundación. Porque aunque tengo 63 años (en aquel momento 59), no me veía mayor." Fue el trabajo diario con Paco, técnico de la Fundación en Galicia, el que le hizo cambiar de opinión. "Me di cuenta de que a partir de una edad ya no se nos trata igual. Desapareces de la vida y los entornos de los jóvenes. Entonces dije: pues sí, la Fundación es mi lugar."
Que las personas mayores LGTBI+ son invisibles dentro del propio colectivo no es una opinión. A Fito no le ha hecho falta irse muy lejos para encontrar ejemplos.
Y va más allá: "A mí me han llegado a decir que éramos muy mayores, que no entendíamos el activismo actual y que qué hacíamos allí."
La respuesta de Fito no es el enfado, sino la reivindicación de un modelo diferente de entender las organizaciones. "Yo creo que las asociaciones deberían tener un poco de gente que lleva mucho tiempo, un poco de gente que tiene experiencia y un poco de gente nueva, para que le de frescura. Estamos intentando hacer eso en Galicia y por eso hablamos tanto de asertividad, de entender a los demás, de respetar."
El activismo intergeneracional es una necesidad urgente. Especialmente ahora.
"La forma de avanzar y entendernos es mezclarnos. Tenemos que saber transmitir a los jóvenes qué hicieron sus mayores. Si hemos llegado hasta aquí es gracias a que hubo gente que peleó antes. Muchos estuvieron en la cárcel, y otros lucharon desde otros sitios más escondidos, en su entorno.”
También sabe que la urgencia tiene también una dimensión política. "Todo apunta a que vienen momentos complicados. El primer colectivo que lo va a pasar mal van a ser las personas trans. Tenemos que unirnos. Ya seamos mayores, jóvenes… tenemos que estar juntos y ayudarnos porque van a venir momentos difíciles."
La Escuela de Activismo que está poniendo en marcha la Fundación en Galicia parte de esa convicción. La idea es abrir las puertas a voces que habitualmente no se sientan en la misma mesa.
"La igualdad no la vamos a conseguir luchando solos. La idea es que se sumen activistas, jóvenes y mayores, que aporten nuevas ideas tanto a los usuarios de la Fundación como a toda la gente gallega. A la Escuela de Activismo puede venir cualquiera, aunque no sea del colectivo, y escuchar una perspectiva diferente. Es abrir la mente a los nuevos activismos, a otras realidades dentro de la diversidad."
El proyecto no se queda en el colectivo LGTBI+. "En un momento dado también cubriremos temas como el feminismo, personas racializadas, gente con otras capacidades… porque al final el problema de todas las personas que estamos en los márgenes viene a ser el mismo. Tenemos que trabajar de forma más transversal."
"Me acuerdo de la primera vez que conseguimos llevar una pancarta a un primero de mayo: 'Trabajos sin armarios'. Para mí fue muy importante, porque no es solo la lucha del colectivo, sino la lucha en los centros de trabajo, en otros lugares.
La familia elegida, ese concepto central en la vida de muchas personas LGTBI+ que con los años adquiere otra textura.
“Me parece que es importante que haya gente más joven en estos grupos, en la familia elegida. Creo que cuando te vas haciendo mayor, la familia elegida que tienes a los 40 se va reduciendo. No por nada especial, sino por circunstancias de la vida. Sales menos, las otras también salen menos… A lo mejor la poca que queda es mucho más potente, pero sí que se reduce bastante."
Lo que más le importa a Fito de cómo está creciendo la delegación gallega es que las actividades no nacen de un despacho, sino de las conversaciones con los propios usuarios y voluntarios.
“Empezamos a tener caras nuevas y esa gente voluntaria es un poco más joven." Fito pone un ejemplo concreto: "Mario, que va a empezar las caminatas la semana que viene, es un psicólogo que tiene 42 años." Exactamente el perfil que la Fundación necesita para tender puentes entre generaciones.
De cara al Orgullo 2026, la Fundación en Galicia llega con novedades. La más significativa, quizás, es también la más simbólica: por primera vez, cuatro colectivos de la ciudad han presentado sus propuestas de forma conjunta.
"Lo que hemos conseguido este año, que para mí es muy importante, es que cuatro colectivos de la ciudad hayamos hecho un documento único y presentáramos nuestras propuestas conjuntamente. En vez de ir cada colectivo por su lado, las propuestas que presentamos al ayuntamiento fueron elaboradas en conjunto."
La Fundación también ha propuesto al consistorio una iniciativa para recuperar la memoria del colectivo en la ciudad. "Hemos propuesto que en las marquesinas de los autobuses pusieran nombres de referentes LGTBI+ de A Coruña o la comarca. Tenemos a Marcela y Elisa, a Tomás Fábregas, que luchó en San Francisco por el VIH y los emigrantes, a Trini Falces, una mujer trans que estuvo en las primeras manifestaciones en el 78 en Barcelona y que nació en Coruña."
El día de la manifestación, la Fundación organizará un punto de encuentro antes de salir a la calle. "A partir de las tres de la tarde tomaremos unos pinchos, habrá un DJ, y luego a las siete nos iremos a la manifestación. Sobre todo para atraer a esa gente que está fuera de la ciudad, en la provincia, que no puede venir a muchas reuniones porque está a 40 o 50 kilómetros. Ese día acogerla y hacer piña." El año pasado acudieron unas veinte personas. Este año la meta es llegar a sesenta.
Son grandes pasos para una fundación que, como dice Fito, lleva años consolidándose y siente que ha encontrado su ritmo. "Estamos en un buen momento. Tenemos que seguir mejorando, pero estamos haciendo las cosas bien."