Hoy no hablamos solo con nuestras voces. Hablamos con las voces de quienes tuvieron que esconder sus nombres, sus amores, sus gestos y sus sueños.
Hablamos con las voces de quienes se manifestaron en silencio para que hoy podamos caminar con orgullo. Hablamos con las voces de quienes ya no están, pero siguen floreciendo en cada derecho conquistado y en cada libertad defendida. Porque nosotres como comunidad LGTBIQ+, no pedimos privilegios, pedimos lo que siempre nos ha pertenecido. Merecemos vivir sin miedo, merecemos que nuestras manos puedan encontrarse en cualquier calle sin convertirse en un acto de valentía. Merecemos que nuestros besos no sean cuestionados, que nuestras identidades no sean debatidas, y que nuestras vidas no tengan que justificarse ante nadie.
Merecemos despertar cada mañana sabiendo que el mundo tiene un lugar para nosotres. Un lugar donde no haya que elegir entre ser auténtiques o ser aceptades.
Merecemos crecer escuchando que somos valioses tal y como somos. Que no hay nada defectuoso en la diversidad. Que la diferencia no es una amenaza, sino una de las formas más bellas que tiene la humanidad de expresarse.
Merecemos escuelas donde nadie tenga que esconderse, familias donde el amor sea más fuerte que los prejuicios, instituciones que nos protejan, calles que nos abracen, futuros que nos esperen con los brazos abiertos.
Merecemos algo tan sencillo y tan inmenso como la igualdad.
Pero también merecemos algo más, merecemos la alegría, la alegría de existir sin pedir permiso, la alegría de amar sin culpa. La alegría de construir nuestras vidas sin cargar con el peso de la vergüenza que otres intentaron imponernos.
Porque hemos aprendido a convertir heridas en banderas, silencio en canciones y resistencia en esperanza.
Somos la prueba de que la diversidad no puede ser borrada, somos quienes amaron cuando les dijeron que no debían hacerlo. Quienes brillaron cuando intentaron apagarles, quienes siguieron adelante cuando el camino parecía imposible y, por eso, alzamos la voz, no desde la venganza, sino desde la memoria. No para pedir permiso para existir, sino para recordar que existimos, que permanecemos y que merecemos. Merecemos un mundo donde ninguna persona tenga que luchar para ser quien es.
Que nadie vuelva a sentirse solo por amor, que nadie vuelva a sentirse menos por existir, que nadie vuelva a esconder el arcoíris que lleva dentro. Porque nuestra diversidad no es una excepción de la humanidad, es una parte esencial de ella.
Y mientras exista una sola persona que aún no pueda vivir libremente su verdad, seguiremos caminando juntes.
Con Orgullo, con memoria, y con la certeza inquebrantable de que no estamos reclamando más de lo que merecemos. Estamos reclamando exactamente lo que siempre ha sido nuestro, el derecho a vivir, amar y soñar en libertad.
Feliz Orgullo 2026
Juanjo Argüello, Presidente de la Fundación 26 de Diciembre.