Bienvenido a la historia del origen de la Fundación 26 de Diciembre.

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Lo que aprendí en mi proceso formativo dentro de la Educación Social, que me marcó profundamente, fue el estar atento a las necesidades no cubiertas de la población e ingeniármelas profesionalmente para que desde la participación social se dé cobertura a dichas necesidades.

Estando en este estado de “escucha activa”, me encontraba un buen día descansando en la Playa del Ingles, en las maravillosas Islas Canarias, que te permiten en pleno mes de noviembre disfrutar del sol y el relax reparador, y encontrándome en plena sintonía con la naturaleza, practicando el naturismo, me llamó la atención una persona mayor que en ese momento se adentraba al agua dejando en la orilla su andador.

Estaba solo y no tenía pinta de rendirse antes las adversidades. Está visión me dejó pensativo. Después de conocer que esta persona era un mayor gay alemán, pronto deduje lo importante que es la cultura y la educación para el ser humano y sobre todo como nos condiciona. La cultura nórdica transmite a sus ciudadanos y ciudadanas la idea de la independencia el mayor tiempo posible, mientras que en nuestra cultura se potencia la dependencia.

Esta reflexión me llevo a pensar en nuestros mayores LGTB. Un colectivo invisible y metido en el armario de la ignorancia, personas que han vivido una época de la historia de España complicada, donde regían leyes como la de Vagos y Maleantes, sustituidas después por la de Peligrosidad y Rehabilitación Social. Y es una certeza que estas circunstancias especiales no han sido resarcidas y siguen olvidadas en el sueño de los justos.

Si a esto le sumamos las persecuciones sufridas por parte del Estado, de la Iglesia, que aún sigue en el empeño, y la medicina, experimentando con nosotros para descubrir las causas de nuestra “enfermedad”, la conclusión es desalentadora. Y mientras más profundizaba en estas circunstancias y pensamientos más me empujaba y animaba  a trabajar con este colectivo y poner en marcha una bonita UTOPIA.

Lo comenté con un grupo de amigos Rafa, José, Benja, Conchi, que me apoyaron y animaron desde nuestra primera reunión. Y con mi pareja, Ino, que ha sido mi acompañante ilusionado, ese Sancho Panza tan necesario en toda empresa.

Después se sumaron sin dudarlo personas de reconocido prestigio en activismo social dentro del movimiento LGTB y así se sumo Empar Pineda, una activista enorme y una de las mujeres más destacadas del Movimiento Feminista en España y fundadora del Colectivo de Feministas Lesbianas de Madrid.,  Eduardo Mendicutti, nuestro gran escritor y columnista que insiste en reivindicar la normalización de la diferencia e indagar en la identidad sexual del ser humano y para el que no tenemos palabras, porque siempre ha estado cuando y donde se le necesitaba; y  Joaquín, profesor activista incombustible de la educación, con la primera tutoría LTGB en un Instituto en Rivas-Vaciamadrid.

Con toda esta plantilla y con mucha ilusión nos juntamos el 13 de junio de 2010 en el mítico Café Figueroa  e iniciamos la puesta en marcha de la maquinaria que nos ayudaría a dignificar y dotar de recursos asistenciales a nuestros mayores, y así fue como nació la Fundación 26 de Diciembre. Comenzamos entonces con las gestiones requeridas ante la Consejería de Presidencia, Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid para Registrar la nueva organización. Los tramites fueron rápidos y desde la propia dirección general nos animaron a poner en marcha este singular proyecto, facilitando y colaborando con nosotros en continuo diálogo.

Y por fin, el 25 de octubre de 2010, fuimos registrados y empezamos oficialmente a coordinar todas las acciones necesarias para poner en marcha la primera residencia especializada en personas mayores LGTB, que es, junto a muchas otras acciones, nuestro principal compromiso hacia la dignificación y el cuidado de nuestros mayores LGTB.

 

Federico Armenteros.

Presidente de la Fundación 26 de Diciembre