Mayores LGTB

 

Desde la Fundación 26 de Diciembre luchamos por la construcción de espacios físicos y sociales especializados en este colectivo, los mayores LGTB, siendo nuestra principal meta la creación de un Centro Residencial Especializado en mayores LGTB, no exclusivo, por supuesto, que sirva cubrir una necesidad básica totalmente descuidada en nuestro país: la atención asistencial a nuestros mayores gais, lesbianas, bisexuales y transexuales con sus necesidades específicas tanto físicas como psicológicas. Además, trabajamos para crear programas de Atención Social, Sanitaria y Psicológica con los que abordar las necesidades básicas y de primer orden de este colectivo invisibilizado por la sociedad y, en aspectos muy importantes, también por los gobiernos a través de sus políticas sociales. Y por supuesto no queremos olvidar nuestra puesta por la intergeneracionalidad, básica para validar y sellar en el tiempo la experiencia vital que nuestros mayores han generado y que estamos obligados a perpetuar.

Eduardo Mendicutti
Patrón y miembro de la Fundación 26 de Diciembre

 

 

 

El 26 de diciembre de 1978 se modificó la Ley sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social, que el régimen franquista había aprobado en agosto de 1970, sustituyendo a la antigua Ley de Vagos y Maleantes. Esos fueron los marcos legales que permitieron durante décadas en España marginar, discriminar, ofender, acobardar, perseguir, desterrar, condenar, encarcelar a los homosexuales, prostitutas, transexuales y bisexuales. A partir de ese 26 de diciembre la ley empezó a dejar de aplicarse, de hecho, a los homosexuales y se abrió, pues, un camino para que el colectivo LGTB pudiera iniciar su lucha por la igualdad de derechos y la conquista de su dignidad sexual, afectiva, familiar, laboral y social.

Ese camino ha sido largo y no hemos terminado de recorrerlo, a pesar de la aprobación legal en España del matrimonio homosexual, incluida la adopción. El colectivo LGTB tiene ya legalmente reconocida su afectividad, el amor homosexual ya puede cristalizar, a los ojos de la ley, en una familia, con todos los deberes y todos los derechos que tiene la familia heterosexual. Las lesbianas, los gays, los transexuales, los bisexuales podemos ya amar, casarnos, tener hijos, tener nietos, divorciarnos, hacer testamento según nuestros afectos y desafectos, con todas la bendiciones de la ley. Un paso pionero en el mundo, una situación absolutamente envidiable, comparada con la del colectivo LGTB en otros países. Sin embargo, quedan aún asignaturas pendientes. Una de esas asignaturas es la salvaguardia de la dignidad y del respeto a las lesbianas, los gays, los transexuales y los bisexuales en la vejez.

Trabajamos para crear programas de Atención Social, Sanitaria y Psicológica con los que abordar las necesidades básicas y de primer orden de este colectivo invisibilizado por la sociedad.

La juventud, la belleza, la alegría, la creatividad, el vigor y una economía saneada han sido siempre buenos pasaportes para el reconocimiento social. También, cada vez más, para el colectivo LGTB, aunque aún haya que seguir peleando día a día contra la homofobia latente y no tan latente. La vejez, en cambio, con todo lo que conlleva, es un desafío para todos, pero todavía sigue siendo un desafío mayor para el colectivo LGTB. En esa edad que el poeta Francisco Brines definió como la del “otoño de las rosas”, el colectivo LGTB aún se encuentra con dificultades añadidas para enfrentar – con gallardía, buen ánimo, buen humor, los mejores cuidados y en la mejor compañía posible – las servidumbres de la edad tardía. Facilitar ese reto, en la exigencia del respeto de los demás y la perseverancia en la propia dignidad, es el objetivo de la FUNDACIÓN 26 DE DICIEMBRE.

El proyecto de crear y mantener conjuntos residenciales para mayores del colectivo LGTB no es una fórmula que pueda conducir al aislamiento, en los años tardíos, de las lesbianas, los gays, los transexuales y los bisexuales, y a su distanciamiento del resto de la sociedad. Todo lo contrario: es una propuesta abierta de par en par por los cuatro costados. Abierta a la convivencia diaria con todos, desde unos espacios privados y compartidos en los que, eso sí, por el hecho de ser homosexuales, los afectos, los recuerdos, el lenguaje, las aficiones y la sexualidad no cosechen ni una brizna de desprecio, de burla, de precariedad, de desconsuelo o de desamparo. La FUNDACIÓN 26 DE DICIEMBRE es una apuesta por el bienestar, sin restricciones ni cortapisas, de nuestras mayores.”