¿Por
qué este nombre?
Por
la Ley 77/1978, de 26 de Diciembre de modificación
de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social
y de su Reglamento. Por ser una fecha importante para
el colectivo LGTB, uno de los primeros pasos para la
Derogación de la Homófoba Ley.”
FUNDACIÓN
26 DE DICIEMBRE
El 26 de diciembre
de 1978 se modificó la Ley sobre
Peligrosidad y Rehabilitación Social, que el régimen
franquista había aprobado en agosto de 1970, sustituyendo
a la antigua Ley de Vagos y Maleantes. Esos fueron los
marcos legales que permitieron durante décadas en
España marginar, discriminar, ofender, acobardar,
perseguir, desterrar, condenar, encarcelar a los homosexuales,
prostitutas, transexuales y bisexuales. A partir de ese
26 de diciembre la ley empezó a dejar de aplicarse,
de hecho, a los homosexuales y se abrió, pues,
un camino para que el colectivo LGTB pudiera iniciar
su lucha
por la igualdad de derechos y la conquista de su dignidad
sexual, afectiva, familiar, laboral y social.
Ese
camino ha sido largo y no hemos terminado de recorrerlo,
a pesar de la aprobación legal en España
del matrimonio homosexual, incluida la adopción.
El colectivo LGTB tiene ya legalmente reconocida
su afectividad, el amor homosexual ya puede cristalizar,
a los ojos de
la ley, en una familia, con todos los deberes y todos
los derechos que tiene la familia heterosexual. Las
lesbianas,
los gays, los transexuales, los bisexuales podemos
ya amar, casarnos, tener hijos, tener nietos, divorciarnos,
hacer
testamento según nuestros afectos y desafectos,
con todas la bendiciones de la ley. Un paso pionero
en el mundo, una situación absolutamente envidiable,
comparada con la del colectivo LGTB en otros países.
Sin embargo, quedan aún asignaturas pendientes.
Una de esas asignaturas es la salvaguardia de la
dignidad y del respeto a las lesbianas, los gays,
los transexuales
y los bisexuales en la vejez.
La juventud, la belleza,
la alegría, la creatividad,
el vigor y una economía saneada han sido
siempre buenos pasaportes para el reconocimiento
social.
También,
cada vez más, para el colectivo LGTB, aunque
aún
haya que seguir peleando día a día
contra la homofobia latente y no tan latente. La
vejez, en cambio,
con todo lo que conlleva, es un desafío
para todos, pero todavía sigue siendo un
desafío
mayor para el colectivo LGTB. En esa edad que el
poeta Francisco
Brines definió como la del “otoño
de las rosas”, el colectivo LGTB aún
se encuentra con dificultades añadidas para
enfrentar – con
gallardía, buen ánimo, buen humor,
los mejores cuidados y en la mejor compañía
posible – las
servidumbres de la edad tardía. Facilitar
ese reto, en la exigencia del respeto de los demás
y la perseverancia en la propia dignidad, es el
objetivo de la FUNDACIÓN
26 DE DICIEMBRE.
El proyecto de crear
y mantener conjuntos residenciales para mayores del colectivo
LGTB no es una fórmula
que pueda conducir al aislamiento, en los años
tardíos,
de las lesbianas, los gays, los transexuales
y los bisexuales, y a su distanciamiento del
resto
de la sociedad. Todo lo
contrario: es una propuesta abierta de par en
par por los cuatro costados. Abierta a la convivencia
diaria con todos,
desde unos espacios privados y compartidos en
los
que, eso sí, por el hecho de ser homosexuales,
los afectos, los recuerdos, el lenguaje, las
aficiones y la sexualidad
no cosechen ni una brizna de desprecio, de burla,
de precariedad, de desconsuelo o de desamparo.
La FUNDACIÓN
26 DE DICIEMBRE es una apuesta por el bienestar,
sin restricciones
ni cortapisas, de nuestras mayores.
EDUARDO MENDICUTTI